
El devastador terremoto en Myanmar ha dejado un saldo de más de 2000 muertos, según la junta militar gobernante, y las esperanzas de encontrar sobrevivientes disminuyen. El país ha declarado una semana de luto nacional por la tragedia.
La comunidad internacional se ha movilizado para ayudar a Myanmar, que ya se encontraba en una situación vulnerable debido a la guerra civil y la falta de recursos. Se teme que el número de víctimas aumente, ya que además de los fallecidos, hay miles de heridos y cientos de desaparecidos tras el sismo de 7,7 grados que afectó la región del sudeste asiático.
El terremoto, el más fuerte en décadas, causó estragos incluso a gran distancia del epicentro, como en Bangkok, Tailandia, donde también se registraron víctimas. En Mandalay, los residentes se vieron obligados a pasar las noches a la intemperie, lejos de los edificios dañados.
La situación es descrita como crítica por los administradores locales.